Alcheh, una leyenda real

Nuestra generación asoció el nombre de Alcheh por sobre todo con un paisaje poderosamente expresivo de Amberes, una sutil y evocativa Venecia y un paisaje de un Viñedo (todos ellos en la Galería de Arte Nacional). Su nombre y su arte eran temas de conversación en reuniones y charlas con sus amigos de la Asociación de Nuevos Artistas. Gracias a Stoyan Sotirov, Ivan Nenov, Boris Ivanov, Vera Nedkova y Vaska Emanouilova, su presencia era clara y tangible. La gente hablaba de sus obras con respeto y admiración, junto con la inevitable desilusión de un período en el cual algunos pocos autores talentosos no habían sido afectados. No sé realmente quién estaba más fascinado y entusiasmado cuando Alcheh aceptó nuestra invitación y trajo con él sus obras desconocidas de Argentina – aquellos quienes lo amaban y lo apreciaban como persona y como artista ó él mismo, el exiliado que retornaba a su tierra natal entre viejos y nuevos amigos luego de tantos años de angustia! De algún modo extraño, sus trabajos de Argentina se encontraban relacionados con el poder expresivo de Amberes. Y la calma poética pictórica de los Viñedos había evolucionado hacia una pintura poderosa, vibrante e intensa. Un obra que demostró consistencia en sus diferencias, en la riqueza del sujeto, de la plástica y de los estados emocionales.

El espacio dominaba en los trabajos de Alcheh, como una aleación pictórica orgánica modificada por el intenso y magnético poder del color. La naturaleza está presente como el principio del surgimiento creativo y como el fin del conflicto plástico.

Se trate de una figura, un paisaje, una naturaleza muerta, la pintura y la estructura pictórica no se basa en el color como tal, sino en el color como estructura, como un aspecto dinámico y expresivo que se desarrolló del centro hacia afuera, poderoso y consumado como un espiritual completo.

Con la debida consideración de la naturaleza provisional de los términos, si existe algún artista cuyo arte en la pintura puede ser definido como realmente artístico, sin duda, dicho artista es Alcheh.

Todo – desde la estructura interna de la composición, desde la organización y estructura categórica del espacio, desde la ocasión inicial hasta la terminación emocional – todo esta gobernado por el principio artístico. Alcheh nunca hace alarde de sus habilidades; nunca utiliza sus técnicas porque sí ni utiliza cosas que puedan estar en contraposición con la perspicacia natural del artista y la profundidad del problema artístico.

Si bien la mayoría de las obras de Alcheh parecen ser superficialmente crudas, lo que intentan representar con ahínco no es lo superficialmente bello sino lo estructural y artísticamente significativo, lo emocional y espiritualmente único…

La vuelta creativa de Alcheh hoy no es menos importante y valiosa para la cultura búlgara de lo que lo fue a principios de los setenta. En el contexto actual de caos global, artístico y espiritual, el arte de Alcheh es una medida confiable de las verdades humanas y artísticas, inmutables y perdurables, a través de las cuales la vida del artista atraviesa el tiempo para permanecer en la Eternidad.

Eliezer Alcheh 141